Y vosotros estáis completos en él… Colosenses 2:10

Cada uno de nosotros tiene la necesidad de ser aceptado y sentir que encaja. La mayor parte de personas está impulsada por el deseo de llenar necesidades internas de aceptación y pertenencia. La razón es que Dios creó al ser humano para que viva en constante comunión con El, en total dependencia. Adán y Eva no tenían necesidad de buscar un significado, ni de esforzarse por ser aceptados, porque tenían un propósito divino, estaban totalmente seguros en la presencia de Dios (Gen 1: 27-28).

Después de la caída, los frutos fueron inmediatos. La vida espiritual, identidad, aceptación, seguridad y significado desaparecieron y cada uno se convirtió en una necesidad. Tenemos el ejemplo de Jacob, quien erradamente buscaba su sentido de identidad y significado en la aprobación de su padre y de su hermano (Gen 25:27-28). Solo Cristo puede satisfacer nuestras necesidades críticas o necesidades del ser, o sea, la vida, la identidad, la aceptación y el significado.

Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Juan 1:12

Si estamos en Cristo, nuestras mayores necesidades están cubiertas en El. Romanos 6:6 dice que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo. No es algo que tú haces, es algo que ha sido hecho. “Ustedes nos son un producto de su pasado, son primordialmente un producto de la obra de Cristo en la cruz”. ¿No creen que semejante obra pueda conferirnos verdadera y plena identidad?

Nuestra identidad determina nuestro propósito.

El Señor nos ha dado el privilegio de formar parte de su Reino, solo Él nos puede poner en su Reino (1 Ts. 2:12), nos da el reino (Lc. 12:32), nos trae al reino de su amado Hijo (Col. 1:13), nos asigna un reino (“Yo [Cristo], os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí”, Lc. 22:29). A partir de pasajes como estos aprendemos que el pertenecer al Reino de Dios no es un logro humano, sino un privilegio que nos otorga Dios. Por lo tanto, Él nos ha convertido en embajadores de su Reino y nuestro deber ahora es darlo a conocer y expandirlo sobre toda la creación, a esto Pablo también le llamó el ministerio de la reconciliación (2 Cor 5:17-18) que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados. Este es el propósito principal por el cual Dios al llamarnos nos ha conferido identidad, la identidad determina nuestro propósito. 

Escrito por: Laurean Benenaula

Propósito Global Guayaquil