Después de muchos años volví al circo, no como atracción sino como asistente. Disfruté tanto las acrobacias, los colores, los trapecistas, la música, muchísimas cosas.

Parte del show eran acrobacias aéreas. Un joven subió en una soga a muchos metros y empezó a jugar en el aire, saltando, soltando la soga y sujetándola. A momentos parecía que se caería pero magistralmente hacia un movimiento y pasaba de estar en caída libre a sujetarse nuevamente.

En un momento pensé que había una red de seguridad, pero no, no había ninguna. Era él, la soga, la altura y su capacidad para hacer lo que sabe hacer.

Dios nos ha dado esa capacidad de confiar.

Pocas veces nos dicen que confiemos en nuestras habilidades, hoy es un día en el que quiero recordártelo: Dios te dio lo que sabes hacer, ¡hazlo con confianza!

David se paró frente a Goliat con la confianza de que podía ganarle por dos razones: confiaba en Dios y había entrenado mucho. Lanzar la piedra era algo que había practicado muchísimo, sabía que podía hacerlo y lo hizo.

Dejemos la falsa humildad y reconozcamos aquello que podemos hacer bien porque eso también alaba a Dios. David fue en nombre de Dios con una herramienta que dominaba y usarla con precisión no es malo, es necesario.

Colaboración del Equipo de Reflexiones de Bolsillo

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