Cuenta la historia que Tenzing Norgay, un conocido alpinista nacido en Nepal, logró conquistar el imponente Monte Everest y al mencionar cómo lo consiguió, sin dudar dijo lo siguiente: “No puedes escalar una montaña como el Everest corriendo tu solo. Fue únicamente gracias al sacrificio y al trabajo duro de todo un equipo que nosotros pudimos alcanzar la meta. Para cada nueva altura que alcanzábamos, se requería mayor grado de trabajo en equipo”.

En Romanos 12:5 se nos enseña: “Somos un cuerpo y todos miembros los unos de los otros”. Jesucristo mismo fue un gran líder que potenció y trabajó con todo un equipo, sus 12 discípulos.  

Josué, el gran líder de Israel, pudo vencer pero no lo hizo él sólo, fue una labor de equipo:

“Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim… Josué salió con otros varones a pelear contra Amalec, mientras Moisés, Aarón y Hur subieron al collado… Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; más cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec… Entonces Aarón y Hur sostenían sus manos y así hubo firmeza en sus manos hasta que se puso el sol… Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada”. Éxodo 17:8-13 

¡Detrás de una gran victoria, hay un gran trabajo de equipo!

El formar parte de un equipo es un respaldo que nos brinda hermosos beneficios como:

  • Nos evita el desfallecimiento
  • La carga es compartida 
  • Permite mantener la comunión con Dios y ser de edificación a otros.
  • Fomenta el nacimiento de líderes
  • Permite la continuidad de la visión, marcar un legado y dejar huellas imperecederas en el futuro.

Un corazón humilde y lleno de pasión por Dios y Su obra, siempre reconocerá que necesita de un equipo para lograr cosas trascendentes, que glorifiquen al Señor en la tierra.

Escrito por Maggie Cruz

Propósito Global Guayaquil